|
Objetivos
Lograr una formación de
conciencia crítica y mirada sobre el mundo desde una base humanista para
construir un espacio abierto a la ciudadanía, donde se reflexione sobre
ética, sobre política y sobre cultura, en un lugar de encuentro entre el
ámbito académico y la acción política.
La formación que ofrece el Instituto, en sus diversas actividades,
-Curso General, Conferencias, Seminarios, Paneles, Talleres-, está
destinada a construir una estructura de pensamiento y de mirada cultural
que presida la acción política, vida del espíritu y de la cultura, sin
la cual la acción es ineficiente, injusta e irresponsable.
Elisa Carrió, directora el Instituto, explicó en una de las primeras
reuniones del Seminario Interno, "los distintos tipos de conocimiento
deben ser objeto de un diálogo: el conocimiento práctico, el científico,
el racional, el filosófico, el reflexivo, y el místico. Hay que
restablecer un diálogo para encontrar una salida. Encontrar cuales son
rasgos de la modernidad rescatables. ¿Qué paso con la razón moral en la
historia? ¿Cuál es la duplicidad del sujeto? ¿Cómo es posible llegar a
una profunda reflexión donde haya coherencia entre discurso y acto?.
Creo que esto es lo que puede salvar al mundo, es decir, la palabra y el
testimonio que obran".
Desde el Cuerpo Docente se empleará un lenguaje y entendimiento para
transmitir los conocimientos y debates profundos en términos sencillos.
Porque el objetivo último es que cualquiera, sin importar su actividad,
profesión u oficio, pueda tener una mirada desde la cual usar los
instrumentos que le da su competencia específica o su praxis.
Guiados por la libertad de pensamiento, apuntamos a encontrarnos todos
desde distintos lugares y transmitir las diferentes experiencias para
restablecer un dialogo entre la razón y el espíritu.
......................................................................................
¿Por que Hannah Arendt?
Por Elisa Carrió
El primer libro de Hannah Arendt que llegó a mis manos fue Los orígenes
del totalitarismo, y fue casi como un texto madre, fue un texto maestro
ese tomo dedicado al nazismo. Allí comprendí, exactamente, lo que
significaba la desaparición forzada de personas. Corrían los años
setenta y pico, allí empecé a recorrer y a admirar la obra de esta gran
filósofa del siglo. Mujer, judía, polémica.
Toda su obra está fuertemente impregnada por temas universales, que
además se corresponden con cuestiones pendientes de nuestra propia
identidad: pensar la política, analizar la República, defender la
democracia, respetar y alegar sobre la vida del espíritu.
Uno de los libros que más me impresionó fue, -aún más que La condición
humana-, La vida del espíritu, allí ella se refiere específicamente al
espectador, a la ética de la acción como condición impuesta a la vida
del espíritu.
El descubrimiento de que sólo el espectador, jamás el actor, puede
conocer y comprender aquello que se ofrece como un espectáculo.
Ese retirarse a pensar, ese abstenerse de la pura acción, esa condición
indispensable del ser humano que supone la reflexión y la interioridad
es uno de los textos que más me ha impresionado de Arendt.
Este Instituto quiere ser eso, un lugar, un espacio, donde seamos
espectadores, donde nos retiremos a reflexionar, a dialogar. También
quiere ser un espacio lúdico, como en definitiva fue la vida de ella. Un
espacio para vivir, pero no en la pura acción, en el puro acto, sino en
aquella riqueza del espíritu que permite entender la política como el
arte de volver a comenzar.
Algunos han criticado que hayamos elegido Hannah Arendt porque había
sido amante de Martín Heidegger, quien había tenido complicidad con el
nazismo. Por eso es bueno explicar que uno elige a las personas por sus
obras y no por sus amantes y que en todo caso lo que nadie puede
discutir es que estuvo en la resistencia, que formó parte de lo mejor
del pensamiento liberal de izquierda del siglo XX y que es mujer. Que no
tiene las mismas creencias religiosas que una y que fue capaz de pensar
los procesos más aberrantes y complejos de la época que le tocó vivir
Ese impulso del espíritu y esa racionalidad enorme que signó la vida y
la obra de Hannah Arendt nos dieron el nombre y que esto genere polémica
también es interesante para desmontar estereotipos, para conocer
historias, para expresar el espíritu que va a guiar al Instituto:
retirarse a pensar, a conversar, no para quedarse ahí, sino para salir a
la acción con reflexión, a la acción con principios, a la acción con la
profunda pasión de un carácter forjado en la vida del espíritu.
|